Esta semana volvemos al barrio de Nervión en concreto en la zona de influencia de negocios de ésta zona. Vinacle, abrió hace dos años y han sabido desde el principio, aunar barra de tapas y restaurante de altura. A ellos no les ha supuesto ofrecer las dos alternativas sin desequilibra el negocio y la calidad de la materia.
Es muy cuidada la decoración con tonos oscuros y granas, apología a los colores del vino. De hecho la bodega, se ha instalado como si de una “isla de vidrio” se tratara. Una sala estanca con un sistema de refrigeración que mantiene más de 150 referencias a la temperatura justa. Muy cómodo y tan bien insonorizado que hace falta algo más, que una conversación animada para incomodar al vecino. Que me gusta un lugar donde se pueda hablar tranquilamente sin tener que aguantar a la mari pegándome gritos en la oreja. La barra está dividida en tres secciones que dirige. Un equipo ágil que a la hora del aperitivo ya entrado el almuerzo se desvive por atender al cliente.
La carta de tapas es muy extensa y habrá que decidirse en cierta forma según lo que le venga a uno en gana. Pero no se apure que aquí estoy yo, para hacerles una relación, en carta verán que los nombres de las tapas, reflejan muy bien el carácter exigente del jefe de la cocina.
Comenzamos con unas anchoas del cantábrico y boquerón en vinagre, sobre tósta de papaya, piña y salmorejo, de matices complejos ácidos, salados y dulces. Continuar con una milhojas de presa, queso cremoso y mini ensalada dulce, tesoro de fragancias ibéricas. La tapa de mollejitas de cordero lechal con ajada y patatas al horno muy tradicional y especial aceptación, la mini hamburguesa de langostino y vieira con cebollita confitada y salsa de encurtidos que remata con dos sabrosas rodajas de kumato, ese tomate que aún está por descubrir.
El artífice de tanta ricura, es un joven profesional de ideas claras llamado Miguel ángel Rodríguez que ofrece alta cocina mediterránea y coordina los fogones a las mil maravillas. Tenemos una opción más que atractiva de la que disfrutar.
Un paseíto hasta Vinacle… que su tapeo será siempre reconfortante.

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